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La semana pasada s epublicó una nota en un medio guatemalteco sensacionalista sobre el asesinato de una mujer, algo cotidiano en Guatemala, y hacían mucho énfasis en una nota que se encontró junto al cadaver, la mataron por infiel. Sobre esto publiqué mi columna del 27 de agosto en el vespertino La Hora que les copio.
Saludos
Claudia

Su delito, dice un rótulo escrito con mala ortografía fue haber sido infiel. Así lo reprodujeron periódicos y noticieros de radio y televisión. Para su familia, además del dolor de verla muerta abruptamente queda esa carga cultural que acá fustiga: “era una mala mujer”, comentó un curioso que al ver los flashes quizó tener un minuto de fama y se apresuró a opinar en base al cartelito que acompañaba el cadaver.

Cada día, muchas mujeres mueren por la violencia en este país. Siempre que digo esto, más de alguno arremete sentenciando: pero mueren muchos más hombres; y yo ya no intento explicarle que las formas de asesinato son distintas, que la saña con la que hieren los cuerpos de las mujeres es mayor, que generalmente las violan y que muchas veces, la mayoría quizá, ellas no habían estado involucradas en robos, secuestros ni ningún acto delictivo, aveces pienso que gasto inutilmente las palabras, ya que a pesar de las evidencias, muchos machos siempre argumentan lo mismo.

El error de estas mujeres, si podemos llamarlo así, fue estar en el lugar equivocado, a una desafortunda hora. Su falta fue haber sido mujer, es más, haber nacido mujer en un país en donde el machismo impera. Su equivocación fue quizá salir con un mal tipo, o no haberle hecho caso, hay muchas historias que dan cuenta de esto. Tal vez su problema empezó por sonreir, por vestirse con una falda o blusa escotada, como si no tuvieran derecho a una u otra cosa, por tener que salir a trabajar para mantener a su familia, o salir a estudiar para superarse.

Pero como explicarle eso a quienes tienen el cerebro gobernado por un falo, a quienes se creen jueces y santos, a aquellos que suelen rapidamente señalar a las víctimas como culpables por el simple hecho de ser mujeres.

Como hacer entender a quieneas nos gobiernan y tienen en sus manos la ley, que no bastan las leyes para parar esa ola de violencia desenfrenada. Que hace falta mucha, muchísima educación y sumarle presupuesto a las leyes y políticas aprobadas, tener gente capacitada trabajando en los juzgados y la policía, hogares de protección y atención para las víctimas y sus familias y por supuesto sentenciar a quienes amparados en un pantalón y en nuestro debil sistema de justicia violentan la vida de las mujeres. Y por supuesto es necesario profesionalismo en los medios de comunicación para no replicar este tipo de mensajes cargados de estereotipos y misoginia.

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